ERIKA BERGER

 En un principio, Erika Berger, la editora y socia de Millenium y compañera de trabajo de Blomkvist posee el perfil de mujer triunfadora en su profesión –aunque renunciara a una carrera exitosa en la TV-, segura de sí misma, económicamente estable –posee una casa de lujo-, inteligente, capaz de gestionar una empresa, con un matrimonio estable y autosuficiente. Aún y la admiración que despierta por todas esas cualidades que, en cierta manera, pueden recordar a otros personajes ya vistos en películas, Larsson le descubre alguna debilidad, que no hace más que “humanizar” al personaje. De otra manera sería algo difícil creérselo. Una es su relación con Mikael, consentida por su marido; y la otra es su decisión, en la segunda parte, de abandonar la revista.

            El triángulo amoroso, sobre todo en la primera parte, que forman Erika, Mikael y Larss, su marido, es en cierta manera algo original. Al contrario que en otras historias, Larss consiente esa relación, es más, incluso cuando se entera de ella se lleva de copas a Mikael, el amante de su mujer. Y –de manera sabia o muy muy ingenua, podría tener varias lecturas- decide que prefiere que de vez en cuando su mujer se relacione con su amante antes que perderla. Esto, que de bien seguro es probable que se dé en muchos matrimonios, sorprende porque Larsson lo plasma de una manera desprovista de hipocresía. En la tan perfecta sociedad sueca, Stieg Larsson cuestiona al estado, los mecanismos de protección del estado –la policía- y las convenciones sociales.

            A pesar de los tópicos que en este personaje puedan verse, el autor hace un gran favor al público, tanto femenino como masculino, porque el hecho de encontrar este personaje fuerte, independiente, inteligente –incluso a veces más que Mikael- y, además, feminista, afianza algo más el potencial que el género femenino puede llegar a alcanzar en este nuevo siglo. El autor ya lo vio en su momento, y poco a poco, muy poco a poco, la sociedad parece ir cambiando hacia una equidad más o menos justa entre los derechos y deberes de hombres y mujeres. El personaje de Erika está presentado como un ideal, y aún así hay que resaltar que su ascensión a lo que puede ser llamado como el éxito profesional, ha sido más o menos ascendente y lineal, porque Larsson no ha “complicado-enriquecido” su vida con hijos, cosa que sin duda hubiera frenado ese ascenso profesional (que no personal, se deja claro).

Cristina González Pilar

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