Los límites de la libertad

Como institución de referencia, la Real Academia Española define perfectamente lo que es la libertad en su primera entrada: “Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”. Fantástico. La propia definición, paradójicamente, nos explica que la misma libertad también tiene límites.

Después de nuestras experiencias personales, hemos podido comprobar que la libertad individual tiene límites. Y éstos empiezan con nuestras propias actuaciones, con lo que decimos, que afecte a otras personas agrediéndolas, privándolas de sus derechos o de sus propias libertades.

Un caso que sucedió no hace demasiado tiempo fue el secuestro de El Jueves, que aunque supuso una publicidad muy valiosa para la publicación, sigue siendo un caso en el que entra el principio de la libertad de expresión y un delito recogido por el Código Penal como es el atentado al honor de una institución en nuestra democracia como la Monarquía.

Un ejemplo como el anterior muestra como todos tenemos unos derechos individuales que están limitados por los colectivos. Es decir, que yo puedo expresar mi opinión sobre un tema concreto, siempre que no agreda ni insulte a nadie. Y así sucede con todos los derechos que, a pesar de estar garantizados, tienen unos límites que garantizan el bienestar colectivo.

Sin embargo, a parte de los límites que los derechos colectivos imponen a los derechos individuales, hay otros elementos que forman parte de cualquier sector de la sociedad que limitan, aún más, la libertad individual.

Los más significativos son la religión, la clase social y el sexo. Somos conscientes de que cada sociedad es distinta, ya que tiene unas costumbres, una religión, unas normas, que marcan las formas de vida de cada lugar. Con ello, en Occidente nos llama la atención, por ejemplo, que las mujeres, por el hecho de serlo, estén tan infravaloradas en sociedades como la musulmana. En algunos casos, y hasta hace muy poco, la mujer sólo servía para garantizar la reproducción de la sociedad. Para nada más.

Éste es un límite que, aunque ellas no sean conscientes de ello (o sí), hace que su vida se base en el cuidado de la casa y de los niños. No sirven para la vida social, sino únicamente para la vida privada.

La clase social es otro elemento que marca diferencias y que define límites. Por ejemplo, una cosa tan sencilla como la de viajar en avión: los que tienen más dinero pueden optar por volar en clase business o en clase turista. O personas que tienen un nivel económico limitado tienen que optar por trasladarse diariamente en transporte público, y no en coche o en moto, por ejemplo. Por lo tanto, el nivel de renta de cada uno, limita sus formas de vida.

Hay más elementos que limitan aún más nuestra libertad, pero los que hemos comentado son los principales. Por lo tanto, aunque parezca una paradoja, somos conscientes de que si queremos una libertad colectiva, debemos limitar la individual.

Clara de Melo Ponce.

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