La información es poder

El título que encabeza este escrito ya lo habrán oído o leído varias veces. Es una frase tópica pero realista. Todos sabemos que hoy en día quien tiene más y mejor información tiene más probabilidades de sobrevivir, sea en una familia, una empresa o en un país.

Desde siempre, tener la información justa en el momento oportuno ha significado tener poder, de modo que intercambiar estos datos puede y suele suponer un beneficio económico para el que posee la información. Sin embargo, con la aparición de internet ha disminuido drásticamente el tiempo que transcurre entre la necesidad de obtener información y el hecho de conseguirla.

Este hecho nos lleva a recordar que a lo largo de nuestra historia, y con la evolución de los medios de comunicación, inicialmente sólo unos pocos eran los dueños de la información (los que sabían leer y escribir: sectores relacionados con la Iglesia o con las clases altas); mientras que poco a poco han ido apareciendo nuevos medios de comunicación como el diario, la radio, el teléfono, la televisión, y en última instancia, internet, que inicialmente estaban en manos de pocos (los de siempre, los más adinerados) y que a medida que pasaba el tiempo se han ido democratizando. De modo que la mayor parte de la sociedad, por no decir toda, tiene, actualmente, acceso a la información.

Sin embargo, hay un conjunto de informaciones privilegiadas, como podrían ser los datos personales de según qué personas: nombre y apellidos, estado de salud, raza, creencias, número de cuentas bancarias, etc. que a algunos les pueden interesar por varios motivos.

En Millenium esta situación se da: estamos en un estado sueco corrupto donde hay movimientos de dinero que nadie controla e información muy prestigiosa a la que la sociedad no puede acceder, pero que debe hacerlo si no quiere seguir estando engañada por el sistema que supuestamente vela por su seguridad. Es algo así como lo que ha sucedido en los últimos días en Cataluña con Félix Millet: supuestamente nadie conocía el dinero real que entraba y salía de los fondos del Palau de la Música, pero esta información, privada para cualquier particular, debía ser conocida por la sociedad, ya que parte del dinero de esta institución lo hemos aportado entre todos.

En fin, a partir de esta situación en la que hay información personal pero que debería ser conocida por la sociedad, personas como Lisbeth Salander, que tienen suficientes conocimientos para acceder a esos datos y suficiente curiosidad para consultarlos, intentará mostrarlos a la sociedad para que se de cuenta de que el estado les está engañando.

Por tanto, como ya dije en algún escrito anterior, podríamos interpretar esta cuestión como una propuesta de Larsson hacia el buen periodismo, que se encarga de informar y controlar las actividades del estado, y hacia la vulneración de algunos derechos individuales por parte de la sociedad para conseguir un estado transparente y legal.

Clara de Melo Ponce.

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