El control del estado autoritario

Hablando el otro día del control que ejerce el estado hacia los ciudadanos (en teoría para garantizar su seguridad) y hacia las minorías étnicas en algunos casos, me vino a la cabeza lo que sucedió en la Alemania de los años 30 con Hitler en la cabeza y los judíos como principales víctimas.

Como todos sabemos, el estado autoritario se caracteriza, básicamente, porque ejerce un gran control hacia los ciudadanos. Lo realiza mediante la violencia, que va dirigida a un sector de la sociedad con el que el gobierno no comparte su ideología o al que, simplemente, odia por capricho.

En el caso de la Alemania de los años 30, una vez Hitler es elegido democráticamente por la sociedad (1933), lo primero que hace es rearmar y organizar las fuerzas armadas alemanas y establecer una dictadura totalitaria personal que transformó a la sociedad alemana y eliminó su sistema democrático.

Su régimen se caracterizó por la diferenciación racial, la supremacía aria y la persecución étnica y política. Y desde 1939, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, este modelo se extendió por el resto de Europa (incluida España).

Hitler perseguía una agresiva política exterior expansionista para ampliar el llamado “Espacio vital” alemán al este de Europa y combatir contra el judaísmo, la masonería, el comunismo y los gobiernos estadounidense, inglés y soviético.

Con todo ello, el estado autoritario se caracteriza por un control extremo de cada uno de los miembros de la sociedad para identificar aquellos que no pertenecen a la ideología o raza que el gobierno establece. Esta situación se ha dado en el mundo numerosas veces y en muchos países. Y, de hecho, hoy en día aún existe en algunos de ellos.

Este es el extremo al que debemos evitar llegar. Una vez hemos conseguido formar parte de un estado democrático (más o menos democrático, pero que lo sea), como ciudadanos, tenemos que intentar controlar al gobierno y recordarle, de vez en cuando, que estamos ahí mirando lo que hace. Por ello son tan importantes los grupos de presión, tales como asociaciones, sindicatos, empresas, etc., que deben existir para controlar al estado.

Por lo tanto, aunque la actitud general del ciudadano se caracteriza por el pasotismo y el “ya lo hará otro”, debemos ser conscientes de que si nuestra calidad de vida no es buena, aún podemos hacer algo al respecto.

Clara de Melo Ponce.

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