¿Hasta dónde llegará el control?

La pregunta que encabeza este escrito puede alarmar a unos y hacer reír a otros. Se trata de una cuestión simple pero que puede llegar a complicar nuestras vidas.

El control es algo muy antiguo que el Estado de derecho empezó a ejercer desde la violencia, con tal de garantizar una seguridad a los ciudadanos. Un control materializado en cuerpos de policía, ejércitos militares, entre otras formaciones. Un control que ya podemos decir que vulnera el derecho individual de la libertad con el argumento de que el estado debe garantizar el derecho colectivo de la seguridad.

Al uso de la violencia como mecanismo de control le siguen las técnicas y dispositivos de identificación de las personas, que en el caso de Francia nacen con el nombre de carné de identidad, con el objetivo de identificar a las minorías étnicas. En el caso de España este documento apareció en el 1944, con Franco, con el objetivo de controlar a los “indeseables comunistas”. Con ello, una medida más para tenernos a todos a mano para castigarnos en el caso de que nuestra conducta no sea correcta.

Y podemos seguir nombrando controles más modernos, como el de la imposición de un nombre (apellido en nuestro caso), la creación de los censos y las conscripciones, entre otros. Finalmente, yo diría que el último método de control y más moderno que se ha ido imponiendo en nuestras vidas es el control virtual. Hoy en día estamos sometidos a los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, aparatos que nos influyen con sus contenidos y que, a la vez, nos controlan.

¿Cuántas veces hemos escrito nuestros datos en una página web? ¿Cuántas fotos nuestras circulan por internet? Ahora que internet no está regulado (porque hay que tener muy claro que en pocos años se tomarán medidas), cualquier persona, buscando un poco, puede saber desde cómo nos llamamos hasta a dónde fuimos ayer de fiesta. Yo a esto le llamaría vulnerar el derecho a la intimidad, un derecho fundamental que todos tenemos pero que nadie respeta. Así que imagínense si nosotros sin querer vulneramos los derechos de los demás colgando sus fotos por internet (en redes sociales tan conocidas como Facebook), cómo los vulnera Lisbeth Salander, una especialista de la informática, entrando en los ordenadores de los demás y extrayendo información cada vez más confidencial.

Con este rapidísimo repaso que hacemos a la “historia del control”, podríamos pensar que, a medida que pasan los años, las personas cada vez estamos más inspeccionadas, ya sea por el estado (policía, organismos de investigación, escuchas telefónicas, cámaras de vídeo en las calles) como por los medios de comunicación, que emiten constantemente datos personales (sobre todo internet).

Sin embargo, desde mi punto de vista, este control está justificado. Como decía líneas atrás, el estado vulnera unos derechos individuales para garantizar unos colectivos. Pongamos un ejemplo para que me entiendan mejor: imaginemos que la policía sospecha que yo soy pederasta. A partir de unas pruebas mínimas que den pie a pensar esto de mí, considero que el estado tiene total libertad para entrar en mi ordenador, controlar mi actividad diaria, escuchar con quién hablo por teléfono y qué digo, etc. Siempre que haya motivos veraces de que yo pueda estar arruinando la vida de algunos (en este caso de unos niños), el estado debe de tener todo el derecho de controlar mi actividad hasta atraparme como presunta pederasta.

Y esto con todos los posibles delitos que puedan producirse: malos tratos, terrorismo, tráfico de drogas, etc. Por lo tanto, yo le doy todo el derecho al estado de tener toda la información que necesite de mí como ciudadana, siempre que acuda a ella justificando el porqué y no llegue a hacer un abuso de ésta.

Pero como todo, cuando alguien tiene el poder sobre algo (y más sobre la información: “la información es poder” hoy en día), es difícil poderlo controlar y asegurar que no se vaya a hacer un mal uso de ello. Por lo que, además de darle al estado total libertad de acceso a la información de los ciudadanos (siempre que haya una justificación, insisto), debemos de poder controlarlo de alguna forma. Y creo que la más eficaz es la de hacer lo mismo con él: crear un organismo que lo persiga y controle su actividad para que luego el estado la justifique adecuadamente.

Clara de Melo Ponce.

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