Sobre descortesías varias

-Escuche señor, no hay mucho dinero en la caja, pero lléveselo todo. 
-No me interesa en absoluto su dinero, al menos desde su punto de vista.
Podría usted haber vivido otros veinte o treinta años más, si se hubiera 
tomado la molestia de ser cortés. 
El hombre no comprendió. 
-Voy a matarle –añadió- por culpa del sello de cuatro centavos y el dulce. 
JACK RITCHIE. For all the rude people

 

En el cuento al que hace referencia la cita, un enfermo terminal que nunca había hecho nada por el progreso humano decide acabar con ello. Compra una pistola de calibre 32 y munición. 

Deambula por su ciudad y no tarda en encontrar situaciones en que algunos individuos se comportan de forma descortés con sus semejantes. Son hombres mezquinos y todo hace pensar que siempre lo han sido. El protagonista de la narración opta por liquidarlos asépticamente. 

Días más tardes vuelve a visitar a su médico. El doctor comenta que la oleada de asesinatos ha generado una corriente de cortesía en la ciudad. Cuenta que hay gente conforme con los asesinatos hasta el punto de estar dispuesta a dar listas al asesino de personas que merecen morir. Al salir de la consulta nuestro protagonista escucha un disparo. Se alegra de saber que alguien ha decidido imitarle.

Pensemos en la posibilidad de que así funcionara el mundo. El ideal del protagonista del relato es que todos, quizás, o una mayoría fueran como él. Jueces. Entes con capacidad para decidir quién merece morir y quién vivir. Quién ha obrado mal y quien bien. De entrada puede parecernos una aberración, una inmoralidad. Pero ¿no es así, precisamente, como actúa el estado democrático?. Previene, juzga, castiga. Las situaciones son variadísimas, las causas muchas veces nobles. Pero se asume un riesgo, siempre, el de equivocarse. El margen de error es el pequeño sacrificio individual que al parecer asumimos frente a un bien superior y común a todos los que integramos la sociedad. La democracia seria perfecta si nadie olvidara que su calidad también depende de él. Desde el momento en que eso el Estado tiene que asumir la engorrosa tarea de mostrar su cara de Leviatán, de castigar al pecador. 

El problema es olvidar el sentido del castigo. Hacerlo de forma automática y sin reflexión. Verlo únicamente como un ojo por ojo y justificarlo rápidamente mostrando la placa o el uniforme. Entonces ocurre el desastre: el sistema se colapsa, error 404. Algo va mal. El gigante muestra sus pies de barro y el absurdo genera posmodernidad ilusionada con su desilusión. 

Sí, alguien dice Guantánamo y se nos eriza la piel. Pero olvidamos todos que -como nuestra cuna- esa tumba de la razón no se construyó en un día, que todos hemos asesinado alguna vez a alguien que en su día no nos pareció cortés.

Por Diana Mizrahi

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1 comentario

Archivado bajo Diana Mizrahi

Una respuesta a “Sobre descortesías varias

  1. ..sempre es creu que la veritat sorgeix quan el poder la formula, si és que és democràtic.
    realment existeix algun estat democràtic? alguna ideologia ha existit mai al 100%?
    l’estat és el mateix assassí en serie immoral que pot estar engarjolat. la diferència? que el poder el legitimem tots.

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