Política, deporte y violencia

Los deportistas podemos confirmar que hacer ejercicio promueve la estabilidad mental, la autoestima, nos permite evadirnos de los problemas cotidianos y reduce la agresividad. Sin embargo, cuando lo mezclamos con la política, todo esto suele desaparecer y se transforma en violencia. En este contexto, muchos aficionados utilizan los eventos deportivos como un lugar para desahogarse.

El deporte es un fenómeno de masas que tiene mucha importancia en la sociedad contemporánea. Por ello, deberíamos utilizarlo para luchar contra la violencia o la discriminación. Los Juegos Olímpicos, los mundiales de futbol, la NBA o la Fórmula 1 son acontecimientos de masas que nos deberían ayudar a difundir mensajes de respeto por los demás.

A pesar de los esfuerzos que se han hecho desde organizaciones como la FIFA, numerosos grupos utilizan los eventos deportivos para promover actitudes racistas o violentas. En varios estadios españoles y europeos es común ver esvásticas, cruces gamadas, o banderas preconstitucionales (como la del águila franquista), sin olvidarnos de los abucheos que reciben los jugadores negros en algunos de ellos.

En el fondo, las críticas no sólo van dirigidas a los jugadores negros sino que, acompañados por los símbolos, se convierten en un rechazo hacia todo el colectivo inmigrante en general. Y lo peor es que algunos medios de comunicación magnifican este tipo de acciones porque saben que, en nuestra sociedad, la violencia es lo que vende.

Es evidente que en la mayoría de los casos, los detenidos poco tienen que ver con el deporte. Suelen ser víctimas de un sistema que consideran injusto y opresivo. Esta es la razón por la que aparecen con tanta frecuencia grupos antisistema cuyo objetivo es el de hacerse ver en cualquier celebración a la que tengan acceso a través de altercados con la policía o destrozando el mobiliario. Para estos alborotadores la aparición en los medios de comunicación es la que mide su éxito o fracaso. Así, cuando se mezclan los sentimientos con la política los resultados pueden ser imprevisibles.

Aunque nadie lo diga de manera explícita, hemos trasladado nuestro lado más competitivo al ámbito deportivo. Por esta razón, deportes como el boxeo o la lucha libre se basan en la violencia controlada, es decir, que tienen unas reglas. En algunas ocasiones nos obsesionamos con el juego limpio, cuando somos conscientes de que los deportes más atractivos son también los más violentos.

Por todo ello, la política y el deporte tienen que analizarse por separado, cada una en su contexto, ya que su unión genera una confusión que nos conduce hacia la violencia irracional.

Clara de Melo Ponce.

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