Un mal más para la mujer

Según el Informe sobre Homicidios por Violencia Doméstica y de género del CGPJ, en el Observatoria de la Violencia de Género ( http://www.observatorioviolencia.org/upload_images/File

/DOC1235984750_informe_muertas_2008.pdf) el número de casos de muertes violentas en que tanto agresor como víctima eran españoles desde el año 2002 hasta el pasado 2008 ha pasado de ser de un 75,80 % a un 54,40 %. Por contra, y como era de preveer, las muertes violentas entre los extranjeros han aumentado en los últimos años. En 2002 un 15% de las muertes violentas se daban entre parejas extranjeras; en 2008 el porcentaje era del 28%.

Este dato debe tenerse en cuenta siempre valorando el crecimiento de la población inmigrante, que también se ha dado en los últimos años.

Los datos anteriores dan que pensar respecto a porqué del aumento de los casos de violencia de género. Sí que es verdad que cada vez más la situación de la mujer parece acercarse -sobre todo en la clase política- al ámbito de lo público que tan lejano le parecía hace unos años y parece reflejar en estas esferas una cierta equidad. Muchas universidades están llenas de mujeres estudiantes, aunque faltan rectoras, decanas y responsables de Departamento (en los que un alto portentaje son hombres que seguramente tienen hijos y que no han visto frenado su ascenso por ello). En la mayoría de los cargos altos en los que están las mujeres éstas son españolas.

¿Esto que viene a decir? Que es posible que nuestra sociedad se esté acostumbrando paulatinamente a que la mujer no sólo esté en casa con los hijos sinó que además trate de tener una carrera profesional -las que pueden elegir- y tenga un trabajo con un sueldo. Sí, están exhaustas, pero han salido del ámbito de lo privado.

Sin embargo a quienes quizá les cueste mucho más aceptar esta realidad de la mujer es a aquellos que no han vivido esta lenta evolución; por ejemplo, los inmigrantes de culturas en las que la mujer tiene un grado de discriminación mayor que aquí. Para ellos debe ser un impacto que en el gobierno haya ministras, o que haya mujeres españolas que no sólo se dedican a la casa y los niños. Y quizá, si su mujer trata de romper esa discriminación que tenía en la cultura del país de origen (cambio de vestuario, relación con mujeres más independizadas, etc.) el trasbalso de sus prejuicios les resulte insoportable. Ya no la pueden dominar porque ella ha descubierto que “otra vida” es posible.

   Y, si ya no está tan subyugada lamentablemente puede aparecer en su pareja el deseo de asesinarla ya que no la puede “retener” de otra manera.

   Esto mismo puede ocurrir en una parte del porcentaje de hombres españoles que matan o agreden a sus mujeres, que ya no las tienen sometidas.

   Una de las soluciones es la educación, sí. Pero algunos de los agresores no tienen posibilidades de ser reeducados en pro de la equidad, de la no discriminación de la mujer. Algunos de ellos han crecido creyendo en el sometimiento de la mujer, en su reclusión en el ámbito privado, no será fácil pues desterrar esas ideas de su cabeza.  Cristina González Pilar

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