1. Moralidad/Inmoralidad de una inteligente venganza

Posicionarse de manera clara y rotunda sobre formas de vernganza digamos “más oficiales” de los estados resulta relativamente fácil. Por ejemplo, la creación, existencia y mantenimiento de la prisión de Guantánamo por parte de los Estados Unidos después del 11-S es detestable desde mi posición. El bombardeo de Iraq con posterioridad a esa misma fecha, su justificación con el invento del “eje del mal” y la existencia de armas de destrucción masiva, así como la demonización del mundo musulmán son argumentos igualmente censurables.

Sin embargo, más allá de lo general existe siempre lo concreto, los casos particulares, los testimonios y víctimas directos. Y detrás de los enunciados y noticias hay personas que, en muchos casos, reciben abusos de y violencia digamos “gratuita”, si es que existe algún otro tipo de violencia que remotamente no lo sea.

En Millenium, Lisbeth Sallander sufre vejación, abuso sexual, violación física y psicológica sin poder ofrecer resistencia en un primer momento. El segundo tutor aprovecha su condición de superioridad en la relación que mantiene con ella. La extorsiona y chantajea. A diario se dan situaciones similares a la que aparece en el libro, la sufren sobre todo niños y mujeres. Algunas de estas situaciones pueden denunciarse y otras no. Y en muchos casos hay daños psicológicos además de los físicos, que son irreparables o que perduran muchos años. Hombres, en su mayoría, que abusan sexualmente de otras personas y que a veces no son descubiertos.

En el caso de Los hombres que no amaban a las mujeres, Sallander reflexiona sobre denunciar a su segundo tutor a la policía y concluye que en última instancia sería la palabra de él contra la suya, con lo que ella saldría perdiendo. Aquí no se está justificando la venganza de la chica, sin embargo su respuesta consigue casi una situación justa. Probablemente él no volverá a abusar de nadie más: ella lo vigilará y le tatua en el torso lo que ha hecho; no se aprovechará de su condición de tutor para manejar la economía de la chica: Sallander le amenaza con enviar las cintas a la policía; y también consigue -al menos por el momento- que  escriba buenos informes sobre ella. Esto último resulta interesante, ya que el estado sueco considera a Sallander una retrasada e incapaz de vivir sin tutela, cosa que a simple lectura no parece cierto y tampoco queda demostrado, al no hablar ella nunca con organismos oficiales.

No se justifica que cada uno se tome la justicia por su mano pero hay casos en que el Estado y sus leyes no son eficaces y, en este asunto en particular, la inteligencia de Lisbeth Sallander consigue incluso prevenir futuros y reiterados abusos sexuales del abogado tutor. Se trata también de su propia supervivencia, se protege a sí misma.

Un apunte final como ejemplo: hoy en día aún es extremadamente difícil demostrar que una mujer sufre acoso sexual en el trabajo. Y su indefensión no está siempre amparada por la justicia. Cristina González Pilar

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